La fiscalidad en algunos casos puede suponer un freno para la generosidad del donante, pero en otros casos también puede ser un incentivo para dar algo a una ong antes que al estado recaudador.

En la mayoría de los países europeos el Estado ofrece una ventaja fiscal a los donantes, reconociendo así la iniciativa privada y la expresión individual del compromiso en beneficio del interés general. Un sistema que existe en el Reino Unido desde inicios del siglo XX y que se ha introducido hace seis años en Suecia.

 

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Pero no es posible comparar los sistemas de incentivos fiscales, con más de medio centenar de normativas. Pero algunas ideas podemos aportar.

En líneas generales podemos hablar de tres sistemas de incentivos fiscales al donante.

El primer modo consiste en la deducción fiscal sobre los ingresos por los que se calculan los impuestos. Es el sistema vigente en el Reino Unido, Suiza, Alemania, Italia (aunque existen variantes según el tipo de beneficiarios), los Países Bajos, Polonia y Suecia. Además, Reino Unido tiene un sistema especial de deducción de impuestos, los sistemas Gift Aid y Payroll Giving.

Otro modo de incentivar es la reducción de impuestos: se otorga un crédito fiscal por una cantidad equivalente a una parte del total de la donación. Es el sistema vigente en Bélgica, Francia y España, a la cola en las tasas. Francia tiene la tasa más alta (66% de lo donado, en comparación con 45% en Bélgica y 30% en España) y con un techo mínimo (Francia con un 20% de la renta imponible, frente al 10% en Bélgica y España).

Lo que parece evidente es que a más impuestos, hay un mayor freno a la generosidad y la proporción de la población donante es menor. Es el caso de Francia, Bélgica e Italia, donde los impuestos son más altos y se supone que no ayudan tanto pues ven clara que es competencia del Estado.

El tercer incentivo podría considerarse la asignación directa que está presente en al menos seis países (Alemania, Italia, España, Suecia, Suiza y Polonia): el impuesto puede ser redirigido a una causa u organización de interés general.

En la mayoría de los casos, esta es una fracción del impuesto adeudado (1% en Polonia, 0,5 en Italia y 0,7 en España). De hecho, la religión es la primera causa respaldada en los Países Bajos y el Reino Unido, donde supone un aumento respectivamente del 40% y el 17% del total de las donaciones.

El caso más llamativo es el de Alemania, donde el impuesto religioso, el Kirchensteuer, se suma al impuesto general: protestantes y católicos pagan un impuesto religioso obligatorio entre 8-9%, que se agrega al impuesto sobre la renta. En Italia los contribuyentes tienen varias opciones, que se pueden combinar. Una fracción de su impuesto, equivalente a “8 por mil” se puede pagar a una institución religiosa, católica, protestante o judía.

Otra fracción, “5 por mil” puede ser para el tercer sector, el Estado paga más de 400 millones de euros al año. En España podemos destinar el 0.7% a la Iglesia Católica y/o a entidades sociales.

Suecia tiene un impuesto religioso que equivale al 1% del adeudado. Suiza tiene un impuesto religioso en varios cantones, a veces es una fracción del impuesto ya adeudado, o un impuesto adicional. En Polonia más del 57% de sus ciudadanos se une voluntariamente para asignar el 1% de sus impuestos, lo que supone una de las fuentes de ingresos más importantes para el sector.

Datos obtenidos de los informes de DAFNE y del EFC, centro europeo de fundaciones.