Las redes sociales nos permiten dar a conocer nuestros compromisos sociales e inquietudes. Posicionarnos sobre la realidad y compartir mensajes para visibilizar problemas que, de una forma u otra, nos afectan.

Lo que antes se hacía a través de campañas informativas en las ciudades o cartelería, ahora está al alcance de cualquiera. ¿Esto significa que todos somos activistas o que nadie lo es? La sobresaturación de mensajes y velocidad con la que se disipan ¿pueden llevar a que pierdan fuerza las campañas?

No es un sustituto del activismo tradicional

Si bien hay ciertas actividades tradicionalmente presenciales que se han podido trasvasar al ámbito digital, como por ejemplo la recogida de firmas gracias a plataformas como Change.org, hay otras actuaciones no pueden ser sustituidas. Por ejemplo, siguiendo el ejemplo de las firmas, la obtención de firmas acreditadas para el ejercicio de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) o las acciones dirigidas a la obstaculización del funcionamiento de empresas.

Además, en lo respectivo a la difusión, que a priori el entorno digital puede parecer propicio a tal fin, las ONG se enfrentan al llamado ‘filtro burbuja’ por el que los bots detectan nuestras preferencias y nos muestran contenido que nos pueda parecer interesante. De esta forma su mensaje llega a personas que ya son afines a su mensaje, pero no alcanzan a un gran segmento de la población.

Sectores más beneficiados

Proyectos en la calle no tenían gran atractivo o que incluso generaban cierto rechazo ha tenido la oportunidad de expresarse en las redes sociales. Por ejemplo, la comunidad LGTBI+, activistas medioambientales o el animalismo. Son muchas la personas que no se acercaban a estos puestos informativos callejeros, que rechazaban los flyers o que los tiraban sin leer.

Desde el anonimato que nos proporciona Internet la gente se puede parar a curiosear por sus mensajes. Además, la movilización en redes permite la puesta en contacto entre fundaciones o activistas de distintos sectores, permitiendo la creación de un mensaje más trasversal y que alcance a un target mayor.

Esto último se ve muy claramente en el sector animalista y medioambiental, cuyos mensajes están cada vez más entrelazados. Asimismo brinda nuevas oportunidades a determinados sectores económicos que están integrando ese discurso en su filosofía, como el sector de la moda o el turismo.

Gestión del activismo digital desde la fundación

Por tanto, la estrategia en redes cuenta con una serie de oportunidades y limitaciones con respecto al activismo tradicional, por ejemplo, como pros: la mayor variedad de formatos, el menor coste o la velocidad. Como contras, entre otros: la menor retención del mensaje como consecuencia de la velocidad y cantidad de información o el ya mencionado filtro burbuja.

Un par de tips:

  • Personas influyentes. Bien por ser personas consideradas fuentes fiables, ocupar algún cargo relevante en el sector privado o público o por su número de seguidores, los conocidos como influencers. Saber llegar a ellos y contar con su apoyo en la difusión del mensaje ayudara al fortalecimiento y/o su crecimiento.
  • Trabajar la imagen y la narrativa. Ya hemos destacado alguna vez la importancia de saber impactar sobre las personas, a ser posible de forma duradera, con un mensaje de calado, y para esto necesitamos recurrir a historias reales, información relevante, evolución de paisajes, comunidades o enfermedades y demás mensajes que despierten emociones en los usuarios.

La gente rehúye de la publicidad y más cuando le pide que ponga de su parte (cambio de hábitos, donaciones, etc.), por tanto, el foco no debe de estar en la fundación sino en el propio fin.

Si estás empezando a trabajar como fundación y aún no tienes una estrategia comunicativa definida o si crees que necesitáis perfeccionarla, puedes contactar con nosotros para que estudiemos tu caso y te asesoremos de forma personalizada. Puedes contactar con nosotros a través de info@pymef.org o llamando al 976 11 61 11 o al 667 295 395 (usamos WhatsApp).

 

 

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